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Dr. Hender Castillo Rincón

Discurso de orden pronunciado por el Dr. Hender Castillo Rincón con motivo del homenaje póstumo rendido por la Promoción de Abogados

“Alves Higuera Finol “   en su XL Aniversario, en el salón de Conferencia

Dr. Hugo Montenegro de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidada del Zulia

Maracaibo 02-02-2006

 

 

Los integrantes de la Promoción de Abogados “ALVES HIGUERA FINOL”, formada por un total de 57 profesionales que iniciamos estudios de Derecho en esta Facultad y recibimos el Titulo de Abogados de la muy ilustre Universidad del Zulia el 4 de Febrero de 1966, diez de ellos ya fallecidos, al cumplir cuarenta años de vida profesional, no hemos querido limitar nuestra celebración aniversaria a las tradicionales actividades de acción de gracias y a los eventos sociales usuales para festejar la meta alcanzada, sino que decidimos incluir en nuestro programa un acto que hiciera vibrar en nuestros corazones el recuerdo de quienes, como autoridades y profesores, fueron responsables de nuestra formación académica y científica, los mismos que con sus elocuentes lecciones y sabios consejos nos trazaron el norte para transitar con éxito los caminos del Derecho, donde nos hemos desempeñado, y lo digo sin falsas modestias, con capacidad, dignidad y honradez, valores que nos han acompañado en todas nuestras actuaciones profesionales y en el ejercicio de importntes y trascendentes funciones públicas, gremiales y académicas.

Fue por ello qué asumimos esta hermosa y enaltecedora iniciativa, de rendir un homenaje póstumo a un hombre que encarna a toda esa pléyade de insignes y distinguidos profesores que labraron nuestra formación y principios, y que además ejerció como Decano los cinco años que duró nuestra pasantía por la Facultad, guiándola por derroteros de progreso y de excelencia.

 

Por otra parte, independientemente de lo que significa para nosotros el Dr. ANDRADE LABARCA, se trata de la memoria de una persona que merece por si mismo esta distinción, haber sido un Universitario excepcional y uno de los ciudadanos grandes de esta tierra, que ha legado una magistral y polifacética obra y una vida toda llena de merecimientos, dejando a posteridad huellas indelebles de jurista competente, honrado leal, Juez talentoso, íntegro y probo, maestro profundo, inspirador y creador, hombre público intachable, responsable y preocupado así como ciudadano ejemplar de vida limpia y austera. Son estas virtudes las que resaltamos en nuestra exposición de motivos al Consejo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, a los fines de que se oficializara este homenaje mediante un acuerdo del máximo organismo rector de dicha facultad, de manera que el mismo no fuera Solo producto del recuerdo tan especial que tenemos de nuestro Maestro y Decano y del profundo respeto y admiración que hemos profesado a este insigne profesional, sino también reconocimiento de la que fuera siempre la hija de sus preocupaciones y de sus anhelos y a la cual dedicó cuarenta años de trabajo intenso y fecundo.

 

También involucramos en esta iniciativa el Colegio de Abogados del Estado Zulia, pues tratándose de uno de los representantes mas esclarecidos del gremio de Abogados Zuliano, en los últimos cien años, durante los cuales se destacó como jurista de excepción en las distintas facetas del quehacer profesional, no podía faltar una manifestación de adhesión del principal órgano de representación del gremio, que proyecte su memoria, su ejemplo y su legado a las nuevas generaciones de abogados.

 

Cuando mis compañeros de promoción me escogieron como orador de Orden, distinción que no merezco pero que agradezco de todo corazón, recordé que hace algunos años, y en la oportunidad en que la Gobernación del estado impuso al Dr. ANDRADE LABARCA la condecoración Lago de Maracaibo, también se me encomendó la indeclinable responsabilidad de pronunciar un discurso para resaltar las cualidades que lo hacían merecedor de la presea; y al revisar rigurosamente las palabras que dije en ese momento, me convencí de que, salvo algunos ajustes de redacción y obligadas menciones adicionales, poco se podría añadir a todo aquello que reseñamos como producto de nuestras propias vivencias o que recopilamos a través de fuentes y referencias de quienes fueron testigos de muchas actuaciones y ejecutorias del maestro, que nosotros no conocimos por experiencia propia, llegando a la conclusión de que ese antecedente maravilloso me obligaría a repetir, casi textualmente, las afirmaciones,, apreciaciones y conceptos que expusimos en aquel discurso y que ahora, después de fallecido el Dr. NECTARIO, tienen mayor vigencia que nunca.

 

Damos entonces gracias a Dios por esta coincidencia providencial, que nos permitirá vivir por segunda vez una de las mayores emociones que hemos sentido a lo largo de muestra existencia, como lo es la de resaltar las virtudes de un hombre que fuera para nosotros ejemplo, inspiración y guía.

 

Saludo antes que todo, en nombre de nuestra promoción a su honorable familia, toda ella integrada por personas de sólidos principios éticos y morales, así como de acrisolada virtudes ciudadanas; saludamos también a las autoridades de nuestra Universidad y facultad, así como a la directiva del Colegio de Abogados del Estado Zulia, agradeciéndoles el apoyo y prestancia que han dado a este acto, y damos la bienvenida los profesores, abogados y hombres de ciencia que nos acompañan, así como a todos los que han atendido nuestra invitación, y que, como nosotros, han venido aquí para dar testimonio de reconocimiento a este esclarecido ciudadano ductor y maestro.

 

El 22 de Julio de 1.942, NECTARIO ANDRAL LABARCA recibe el Titulo de Doctor en Ciencias Políticas en la muy Ilustre Universidad de Los Andes, después de haber cursado sus estudios de pre-grado en la Escuela de Derecho de Maracaibo, dependiente para entonces de la cita, Universidad; y ese mismo año recibe el titulo de Doctor  en Ciencias Políticas en esa Institución y de Abogado de la República por la Corte Suprema de Justicia.

 

Comenzó su vida profesional como Abogado en ejercicio, demostrando un conocimiento profundo de la Ciencia del Derecho, a la cual dedicaba permanente estudio y consagración; y un agudo criterio jurídico que, unidos a su sólida cultura, casi enciclopédica: y a su prodigiosa inteligencia, lo hicieron considerar en el Foro como Juñsta de primer orden. Elocuentemente hablan Sobre ello los juicios en los cuales intervino como parte y los dictámenes y asesorías prestadas a una selecta y bien ganada Clientela.

 

Fue un abogado con dominio del Derecho y de la  Cultura,  Jurista de fácil pluma, dicción clara, brillante, sencilla y elegante. diáfana y precisa: que defendía sus causas con términos decentes, sin insultos, frases hirientes o palabras deslustrosas o destempladas, ni mucho menos irónicas o de baja calaña, invocando solo la razón con que procedía y su altísima educación forense. Jamás estuvo en contacto con ardides o maniobras que desdijeran de su decoro personal o dignidad profesional.

 

Sus exposiciones y escritos eran verdaderas cátedras de Derecho, dechados de ciencia jurídica y de conocimientos técnicos, usando siempre las palabras apropiadas, manejadas con habilidad y destreza. Jurista de elevado criterio y abundante ciencia, siempre consagrado al estudio y a la causa que defendía, identificándose con ella hasta confundirse por entero con la misma, dentro de los límites  de lo justo y de lo verdadero.

 

Jamás utilizó la complacencia o el halago para dejar satisfechos a sus clientes, ni tuvo la debilidad de inclinarse ciego a favor de sus intereses para no contradecirlos o desagradarlos tampoco asumía pleitos perdidos para pescar en río revuelta. ni apelaba a la argucia de prolongar injustificadamente los juicios cuando los encontraba comprometidos, ni estimulaba la conducta intransigente de sus representados.

Como abogado en ejercicio, tuvo perfecta conciencia de la, misión de éste y de su deber de amar a su profesión con el amor de las almas grandes, dedicándose a ella con profunda responsabilidad, perseverancia y dignidad, teniendo siempre presente el respeto a las normas éticas y morales, tan necesarias en una profesión que aparece en el índice mínimo de la consideración social, en todas las épocas y en todos los estratos.

 

El Dr. ANDRADE defendió siempre nuestra profesión en contra de la oblicua y aberrante estimación ajena, generada por ese espectro minoritario del gremio que con su conducta gravita sobre todas las escalas del grupo colectivo y que reflejan en forma adulterada la profesión de abogado. Tuvo perfecta conciencia de la misión del Jurista y de lo que debe ser la personalidad y ejecutorias del letrado, como lo evidencia un importante discurso que pronunció el 10 de octubre de 1980 en el Paraninfo de la Universidad del Zulia, con motivo del 30 Aniversario de la Escuela de Derecho, al señalar:

 

“Particular significación social reviste la abogacía y su ejercitante legal, el. Abogado. Por la índole misma de su preparación, el abogado está capacitado como ningún otro profesional pera un desempeño social variado e intenso. En efecto, quien mejor dotado que él para encausar y orientar, desde las bancas del parlamento, la transformación y progreso armonioso de la sociedad mediante leyes que recojan y plasmen sus ansias de renovación y de justicia. Quien en mejores condiciones que él para dirigir la acción de gobierno hacia la realización del bien común; quien mejor capacitado que él para encausar la administración por derroteros de eficiencia, que se traduzcan en adecuada y oportuna satisfacción de las necesidades colectivas, y por ende en factor de equilibrio y paz social sin menoscabo de los derechos de los administradores.

Quien más apto que él para impedir que naufrague la fe en las instituciones, la confianza en los Magistrados y el respeto a la ley, El abogado, igual que el sacerdote, es el confidente de las flaquezas y miserias humanas. El cónyuge le entrega sin reservas

Las intimidades del hogar; el hijo le descubre sin vacilaciones los resentimientos que anidan en su ser; el comerciante acepta revelarle la verdadera situación financiera de la empresa; el reo entrégale confiado el secreto que entenebrece su conciencia. Todos recurren a él; todos esperan de él; todos confían en él. Por consiguiente, el abogado resulta ser árbitro conyugal; instrumento de la paz familiar; factor de la humana concordia, palanca de la regeneración social. Y si a esto se agrega, que  a él le está reservado de nodo exclusivo la administración de la justicia, caeremos en la cuenta de la exactitud que encierran las palabras del Digesto, cuando erige la abogacía y a su ejercitante el abogado, en una especie de sacerdocio del derecho.

Pero, precisamente por tales razones, el abogado necesita como ningún otro profesional hallarse abroquelado por el escudo de una moral robusta y sólida, que le permita resistir las acometidas del halago, encubierto o desembozado; que le haga invulnerable a las tentaciones que le asedien; que le torne inflexible a proposiciones indecorosas; que le mantenga enhiesto, en medio de la sociedad a la cual sirve, pregonando con su conducta y con su ejemplo las excelencias de una profesión tan noble y tan digna como la suya”.

En el campo de la Judicatura, NECTARIO ANDRADE LABARCA comienza siendo Juez de Municipio, luego de Distrito, hasta alcanzar la Magistratura en la Corte Suprema del Estado Zulia y en la Corte Superior en lo Civil y Mercantil del mismo Estado, donde se desempeñé con la sabiduría y austeridad que le eran propios. También fue designado en 1963 Magistrado Suplente de la extinta Corte Suprema de Justicia.

Los que vivieron su desempeño como Juez, saben que cumplió con la sagrada función de administrar justicia y de dar a cada quien lo que le corresponde, sin miramientos y sin distinciones, situando a las partes en la misma situación de igualdad en que las colocaba la ley, sin mirar quien era poderoso y quien débil, omitiendo toda  consideración o patrocinio proveniente de las eternas recomendaciones y sin parar en las consecuencias que pudieran sobrevenir ante los intereses creados; impartiendo, en fin, una justicia recta y proba, donde cada parte tenía la seguridad de triunfar si le asistía la razón o de sucumbir si carecía de ella.

 

Fue un Juez de cualidades eminentes, de gran dignidad, rectitud, honestidad y suficiente preparación científica, no solo en la rama del Derecho, sino en otras disciplinas del saber. Sereno y puro como la justicia misma, perteneció a esa clase selecta de Jueces de sanas costumbres, probada honorabilidad, indoblegable espíritu de justicia, exigente respeto a la ley y admirable austeridad y sencillez de vida. Actuó siempre en sintonía con sus convicciones sobre esta materia, resumidas en un importante discurso pronunciado en el acto de apertura de un Foro sobre la  Administración de

Justicia celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad  del Zulia, donde se expresó sobre la misma y el papel de los Jueces, en los siguientes términos: “De la justicia podemos decir, sin faltar a la verdad ni caer en exageraciones, que sin ella no ya el estado, órgano supremo dejas sociedad, sino la sociedad misma, regresaría a la barbarie, primitiva. La justicia, como acertadamente se ha dicho, es “termómetro de la civilización”.

 

Nos atrevemos a pensar que el grado de cultura y civilización de un pueblo, podría determinarse tomando como índice para su valoración la rapidez, oportunidad y eficiencia de su administración de justicia. Cuando la justicia es administrada con rectitud y acierto nace en el seno de la colectividad el clima de confianza, seguridad, respeto y armonía, que es condición indispensable para el disfrute sosegado y pacífico de todos los demás bienes que el progreso pone a nuestra disposición. El respeto a la ley, valor cimero en el orden temporal, no puede lograrse sino cuando los encargados de aplicarla, Jueces y Magistrados en general, cuidan de hacerlo con imparcialidad, prontitud y acierto. Compréndase, entonces, sin mayores,  los esfuerzos, el papel descollante que le toca cumplir al Juez. Tiene él en sus manos, en apreciabilísima proporción, la clave del respeto a la ley, y por ende, de la convivencia pacífica. Porque su diario quehacer, su actividad cotidiana, sumisión específica, es podríamos decir, enseñar la ley aplicándola y comunicarle, de esa manera calor de vida al frío texto de la norma general. Es, sin duda, una responsabilidad tremenda; más, por eso mismo, es también un honor de inigualable jerarquía’.

 

De las múltiples facetas que proyecta la dilatada trayectoria del Dr. NECTARIO ANDRADE LABARCA, si hay alguna que pudiere superponerse a las restantes y destacar sobre ellas, sería la de maestro.

Su pasión por la docencia comienza a gestarse en aquel Liceo gratuito Dr., Francisco Ochoa”, donde ingresa coma profesor

y llega a ser Director; y la misma se acrecienta al ser profesor primero de la Escuela de Derecho de Maracaibo y posteriormente en la Facultad de Derecho de la Universidad del Zulia, a la cual se dedicó íntegramente durante cuarenta años, habiendo sido Decano de dicha Facultad durante tres períodos, unánimemente seleccionado por representantes de todas las ideologías.

De él se puede decirse que fue Pedagogo por vocación, siendo la educación su función natural, ejerciéndola con empeño y tenacidad.

 

En uno de sus discursos pronunciados en la Facultad, confiesa su amor por la docencia, al expresar: “Permítasenos consignar aquí y rogamos excusar la referencia en cuanto tiene de personal, que uno de los momentos más gratos de nuestra existencia fue aquél en que, apenas egresados de sus aulas, culminados ya nuestros estudios, tuvimos ocasión de empezar a servirla bajo la honrosa condición de profesor, devengando la modestísima asignación de ciento veinte bolívares”. Tenía el don socrático de enseñar y un estilo muy suyo de exposición que despertaba en sus alumnos el interés y el entusiasmo en los temas tratados.

 

Como alumno suyo que fuimos en la Facultad de Derecho, somos testigos de su capacidad y conocimientos en la Cátedra de Derecho Administrativo, que regentó hasta ser Jefe del Departamento de Derecha Público; Y, sobre todo, de su excepcional manera de trasmitir esos conocimientos en forma concreta y diáfana y de llegar a sus discípulos al conjuro de un verbo ameno, inspirador y creador, casi un poema, haciendo de fácil comprensión los temas mas obtusos y enrevesados.

 

Pero el Dr. ANDRADE no se conformó nunca, en el desempeño de esa noble misión de Maestro, en ser un simple trasmisor de conocimientos científicos, sino que se preocupó por contribuir a través de su cátedra, en formar hombres equipados integralmente, enseñándoles lecciones de civismo y de amor patrio, de nobleza y de dignidad ciudadana. Consecuente con este modo de actuar y de ser, afirmó en alguna oportunidad:

“No puede perderse de vista en ningún instante, que el crédito de las instituciones docentes no se mide en función del número, sino de la calidad y que ésta, para que sea de buena ley, tiene que ser a un tiempo cientifica, moral y social”

 

Se le quería y se le respetaba más que por su condición de Decano, por los dotes que adornaban su intrínseca personalidad, por su carácter apacible y noble, por su honestidad libre de ambiciones y de odios, y por ese prestigio moral que tanta ascendencia le valió entre los estudiantes.

 

La Universidad y en especial la Facultad de Derecho, como antes dijimos, fue la hija de sus preocupaciones y de sus anhelos; y, por ello, trabajó incesantemente junto con aquella legión de profesores de alto rango, que constituía su personal docente y que hacían gustosos sacrificios en tiempo y aun de su ejercicio profesional, en aras de la  Escuela.

 

Muchos fueron los logros de su gestión administrativa como Decano, pues, dicho en sus propias palabras “la remuneración de los profesores se llevó a niveles compatibles con la jerarquía, importancia y dignidad de la función docente. Se cuido de ampliar y mejorar las diversas instalaciones, dependencias y servicios. Se diversificó la docencia, lográndose que las clases teóricas tuviesen un adecuado complemento de las  actividades jurídico — prácticas y en las labores de pre-seminario y seminario. Se crearon importantes institutos planificados con la mayor sencillez y sentido exacto de la realidad, ampliando el radio de acción de la Facultad” y, en fin, los que estudiamos derecho en esa época, vivimos una Facultad para el estudio y por ende exigente, una Facultad con Profesores de la más alta calidad científica y condición humana, una Facultad con orden y respeto, que dio a la posteridad un balance altamente positivo, pues, como también lo expresara el propio Dr. ANDRADE en una oportunidad:

 

“Muchos de sus egresados constituyen figuras insignes del foro zuliano y nacional, habiendo logrado destacada figuración en las cotidianas y fatigantes tareas del ejercicio profesional; otros han descollado en el ámbito de las actividades educacionales; no pocos han sentado cátedra de honestidad y eficiencia en las delicadas funciones de la magistratura y varios de ellos, sirven con la mayor idoneidad Cátedras en nuestra actual Escuela de Derecho, a cuyo elenco profesoral pertenecen”.

 

La evolución del Dr. NECTARIO ANDRADE LABARCA como hombre público, la debemos considerar desde tres perspectivas: como líder político, como parlamentario y como funcionario de gobierno.

 

Dedicó gran parte de su vida al ejercicio de la política; pero sólo desde 1958 tuvimos el honor de conocerlo y aprender sus lecciones y ejemplos de democracia y libertad, de justicia social y bien común. Para alguno de nosotros, que comulgábamos con su mismo ideario, fue no solamente un líder, un conductor, un símbolo de lucha; fue además un dirigente, una figura paradigmática que estimulaba y motorizaba nuestro trabajo político y un ejemplo de rectitud, principios y valores entregados al servicio del pueblo.

Insistía hasta el cansancio en la necesidad de mantener la unidad en medio de la pluralidad de opiniones y tendencias, sin caer en el grupalismo rosquero; y para ello recomendaba la necesidad de una recia formación doctrinal, que evitara desviaciones heterodoxas en el pensamiento y en la acción.

 

Confesamos haber crecido en la vida política fascinados con su pensamiento claro y elocuencia magistral. Inolvidable para nosotros es aquella presencia magnética que ejercía en sus palabras de tribuno brillante, en el gesto, en el destellar de sus pupilas, en aquellas pausas expectantes, y en la emoción que transmitía. El anuncio de cualquier acto donde intervendría el Dr. ANDRADE era garantía de asistencia fervorosa y sus

Palabras  siempre eran cerradas con el aplauso frenético, cuando no con lágrimas y abrazos.

 

En cuanto a su actividad parlamentaria, el Dr. NECTARIO ANDRADE LABARCA fue Miembro de la Asamblea Legislativa del Estado Zulia y del Congreso Nacional. Sus intervenciones en el Parlamento caracterizaron su prestigio de pensador, su fama de orador contundente, razonador y preciso y coadyuvaron a descubrir su personalidad de estadista. Fue un Congresante excelente, que realizo una intensa y variada actividad

Parlamentaria,  dando muestras de su capacidad y de su talento, puestas al servicio del deber y de la patria. Fue enemigo de la parlamentaridad o parlamentarismo formal e impostor; y criticó la ausencia de una efectiva participación del pueblo en la creación, modificación y conducción de las realidades nacionales, abogando por una democracia realmente participativa,  donde la colectividad fuera actora y no meramente

Espectadora  frente a las grandes decisiones que la conducción política y la administración de un país involucran; y lucho para que los parlamentarios fuesen siempre caja de resonancia de sus anhelos y necesidades.

 

En el año 1969, el Dr. RAFAEL CALDERA es electo Presidente de la República  y no vaciló un momento en llamar al Dr. ANDRADE para integrar su Gabinete. Su designación en el tren Ministerial no fue pedida, sugerida, ni mucho menos reclamada por él; fue un acto de reconocimiento a su trayectoria política, a su capacidad y talento de hombre público, que aparejó una obligada y nada grata separación temporal de su estado natal, pues las lisonjas del gobierno y de la capital, no fueron nunca especial atractivo para el estilo de vida sencillo y noble de este hombre singular.

En el Consejo de Ministros ocupó las Carteras de Justicia y Trabajo, de Educación y Relaciones Interiores y también fue encargado en varias oportunidades de la Presidencia de la República, al punto de que ha sido en nuestra historia el único Zuliano y el primer venezolano que ha acumulado, en un mismo periodo constitucional, tan importantes y diversos cargos dentro de Poder Ejecutivo.

En el ejercicio de esas funciones también se desempeñó con la capacidad y honradez que le eran cónsonas, dando muestras de responsabilidad y eficiencia, de una gran vocación cívica y de servicio público y de pulcritud en el manejo de los dineros del pueblo, ganándose el respeto y admiración de todos, inclusos de sus adversarios políticos.

 

Fue contrario al estado Centralista, al Cual criticó acerbamente; y una de sus principales ejecutorias fue su lucha denodada, desde su posición de gobierno, para avanzar un proceso de regionalización.

 

En un articulo que escribió Sobre este tema, titulado

“Consideraciones Generales sobre la  Regionalización en Venezuela” señala textualmente: “Es evidente e incuestionablemente cierto que la estructura funcional político-administrativa en nuestro país, Viena singularizada desde el arranque como nación independiente, por un intenso, profundo y acentuado centralismo. Jamás ha obstado a ese proceso de progresiva centralización, la proclamación formal de Venezuela como un estado Federal. Existen ciertamente autonomías regionales” con el nombre de estados, pero, el más ligero examen de la competencia constitucional definidora de dicha “autonomía nos muestra que se trata de competencias minadas por lo que podríamos llamar anemia profunda”. Los Estados, cómo entes públicos territoriales acusan un estrangulamiento irremediable en su competencia entre la plétora del Poder Nacional y la relativamente escuálida autonomía Municipal. Pero no sólo la excesiva centralización constituye seria dificultad para el proceso de regionalización; más que esto, que al fin y al cabo podría obviarse mediante la utilización de mecanismos constitucionales y legales existentes, creemos que lo que más obstaculiza y dificulta dicho proceso, es la mentalidad centralista que, sin lugar a dudas, impera en el seno de la administración Pública Nacional, y aún fuera de ella”.

 

Hemos hecho especial referencia a la atención que el Dr. ANDRADE LABARCA le dispensó al proceso de regionalización, en virtud de la actualidad que ha cobrado este tema con motivo del proceso constituyente. En tal sentido, políticos y dirigentes de las más variadas tendencias, coinciden en que una efectiva descentralización político-administrativa del estado Venezolano, sin duda requiere de una modificación constitucional que reformule el esquema de nuestra forma de estado y establezca un verdadero estado descentralizado, tomando como base la  Federación.

 

Fue también un zuliano integral, amante de su tierra y de su pueblo, por el cual trabajo tesonera e incansablemente durante largísimo años, dedicándose a él con especial constancia y devoción; y es por ello que distintas instituciones gremiales, docentes y políticas de este estado, le confirieron las mas altas condecoraciones: El Colegio de Abogados lo distinguió con la medalla del “Abogado Zuliano”, la Universidad colocó en su pecho la “Orden al Mérito Universitario”: la Municipalidad le irnpuso la Orden Ciudad de Maracaibo”, la Legislatura lo honró con la condecoración “Rafael Maria Baralt”, la Gobernación  del Estado Zulia, le confirió la Orden al Mérito Jesús Enrique

Lossada” y la Condecoración Lago de Maracaibo”, sin contar otras distinciones de que fue Objeto por parte de organismo nacionales e internacionales.

 

Pero el mejor calificativo que puede darse al Dr. ANDRADE LABARCA y que lo hace como ningún otro merecedor de este homenaje, es el de haber Sido un ciudadano excelente, dio una gran verticalidad, honradez y honestidad, libre de odios y de ambiciones, con un gran prestigio moral, de criterio reposado y ecuánime, de vida sencilla y estoica, impregnada de sólidas virtudes republicanas y democráticas, con

Las cuales dieron lecciones de civismo y de amor patrio, de nobleza y de dignidad  ciudadana.

 

Nuestras instituciones no han sido justas ni consecuentes con la memoria del Dr. NECTARIO ANDRADE LABARCA, pues salvo el libro homenaje publicado recientemente por el Tribunal Supremo de Justicia y titulado Ensayos de Derecho Administrativo”, que contiene cincuenta y dos estudios Sobre esta materia, no se han celebrado otros actos para rendirle el tributo que merece y el debido reconocimiento a Su trayectoria y a su obra; y es por ello que hoy nuestra promoción, conjuntamente con la  Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de  la  Universidad del Zulia y el Colegio de Abogados, le rendimos este homenaje póstumo, resaltando sus méritos y virtudes y develando un busto que colocaremos en los jardines de dicha facultad, el cual quedará erigido en su memoria como legado y ejemplo para los estudiantes de derecho y nuevas generaciones de abogados.

 

Cuando terminé de pronunciar el discurso alusivo al Dr. ANDRADE LABARCA en la Gobernación del Estado Zulia, a que hice referencia al comienzo, me dirigí hacia él para abrazarlo y me dijo estas sencillas palabras: ‘Hender, me has conmovido;  y,  yo le digo ahora en el eternidad de su descanso, parafraseando las suyas: “Dr. ANDRADE, usted nos ha dejado para siempre conmovidos.

 

Señores

 

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Su Viuda y Familiares

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Maria Andrade Rodriguez y Decano de la Facultad

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Dr, Oscar Belloso (Rector de la Urbe) Dr Hender Castillo R y La Secretaria de LUZ

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Panorama 04-02-2006

MARACAIBO. HOMENAJE A UN ZULIANO EJEMPLAR
Develado en LUZ busto de Nectario Andrade Labarca
Texto: Juan Pablo Crespo

El busto de Nectario Andrade Labarca fue develado en la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de LUZ, en un acto organizado para rendirle homenaje a quien en vida fuera uno de los hombres más insignes del Zulia.

La actividad, que se realizó el pasado jueves, se desarrolló por iniciativa de la promoción de abogados Alves Higuera Finol, que a propósito de celebrar 40 años de haber egresado de la Universidad del Zulia, aprovechó la ocasión para organizar el homenaje y estructurar una programación aniversaria que continuó con una jornada multidisciplinaria de derecho actual (Colegio de Abogados) y con una solemne misa en el Hogar Clínica San Rafael.

Al acto asistió Irma Rodríguez de Andrade, que por 60 años compartió vida matrimonial con Nectario Andrade Labarca; además de sus hijos Minerva, Nectario, Isabel, María, Gustavo, Enrique y Rafael y, espiritualmente presente, Cecilia.

Hombre probo

Nectario Andrade Labarca se desempeñó como decano de la Facultad de Derecho de LUZ. Por sus venas corrió el don de la enseñanza, la humildad más pura del ser humano, la generosidad del amor y la rectitud del hombre probo.

“Él se distinguió como abogado, justo juez, parlamentario intachable y estuvo al frente de los ministerios del Trabajo, Justicia, Relaciones Interiores y Educación, en el primer gobierno de Rafael Caldera, dijo Hender Castillo Rincón, del comité organizador del evento.

Por su parte, Nectario Andrade Rodríguez dijo: “Estoy muy contento porque se hizo justicia con mi padre, que por 43 años fue profesor de LUZ y fundador de obras sociales como el instituto agustiniano Carmela Valera, donde niñas de escasos recursos son atendidas”.

Nectario Andrade Rodríguez recordó a su progenitor como un padre ejemplar y un profesional modelo del correcto ejercicio del Derecho.

El presidente del Colegio de Abogados del Zulia, Mario Torres Carrillo, agregó: “Nectario Andrade Labarca fue un ejemplo para la presente y futuras generaciones que se dedican al estudio de las leyes”.

Entre tanto, el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Andrés Quijada Ruiz, destacó la labor siempre proba del homenajeado, tanto en el campo universitario, como en el campo de la administración pública.

Hildegar Senf y Nelson Pirela Reverol, abogados de la promoción organizadora, expresaron su satisfacción por el reencuentro y el justo homenaje a quien en vida fuera su profesor.

El busto develado fue obra del escultor Rosher Acevedo.

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Devalación del Busto del Dr, Nectario Andrade Labarca

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Amigos y Familiares

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Familiares

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Busto del Dr. Nectario Andrade Labarca En los Jardines de la Facultad de Derecho (LUZ)

  

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